
Jaime Medina
En el mundo de las startups, las políticas públicas pueden jugar un papel clave, actuando como un motor de cambio o, por el contrario, como un obstáculo. El desafío radica en cómo se diseñan e implementan estas políticas, ya que, aunque a menudo nacen con buenas intenciones, pueden acabar teniendo resultados indeseados. Recientemente, me encontré con Boulevard of Broken Dreams de Josh Lerner, un libro publicado en 2008 que analiza los intentos de los gobiernos por fomentar los ecosistemas de emprendimiento e innovación. Aunque muchas de estas iniciativas buscan apoyar el crecimiento de las startups, con frecuencia no logran su objetivo, llevando al uso ineficiente de los fondos públicos o, incluso, dañando los propios objetivos que se intentan alcanzar.
Un error común que cometen los gobiernos al promover el emprendimiento es intentar distribuir los recursos de manera equitativa en todas las regiones. Los políticos a menudo sienten la presión de tratar por igual a todas las zonas de su país, temiendo tensiones o acusaciones de favoritismo si no lo hacen. Sin embargo, en el mundo de las startups, lo que realmente impulsa la creación de ecosistemas exitosos es la inversión concentrada en aquellas áreas donde ya existe cierta tracción. Las startups crecen en ecosistemas locales donde los efectos de red son extremadamente potentes, permitiendo que las nuevas ideas se difundan rápidamente y que emprendedores e inversores se apoyen mutuamente. Distribuir recursos limitados en zonas sin tracción solo lleva a la pérdida de esos fondos públicos, sin generar apenas resultados.
Otro error frecuente es cuando los gobiernos intentan dirigir las inversiones hacia sectores específicos o tecnologías emergentes. Aunque es tentador apostar por ciertas áreas de innovación, los inversores privados están mucho mejor posicionados para identificar los sectores que tendrán éxito en el futuro. Aunque el capital privado también comete errores, el mercado rápidamente ajusta su rumbo, financiando las mejores oportunidades. El dinero público, por el contrario, suele moverse más lentamente y puede terminar invirtiendo en proyectos que no llegan a materializarse. Esta mala asignación de los fondos públicos desvía la atención de las tecnologías más prometedoras, resultando en un desperdicio de recursos. La mejor forma de apoyo público suele ser a través de un modelo de coinversión, donde el dinero público se invierte junto con inversores privados. De esta manera, los profesionales experimentados, con incentivos financieros claros, siguen tomando las decisiones.
Finalmente, un exceso de fondos públicos en el ecosistema, ya sea a través de coinversión o subvenciones directas, puede generar un efecto desplazamiento (crowding out), donde los inversores privados se ven desincentivados a participar. La mejor métrica para evaluar el rendimiento de los fondos de capital riesgo es la cantidad de dinero que levantan cada año. Cuanto más capital hay en el mercado, menores suelen ser los rendimientos. En Europa, por ejemplo, la gran cantidad de dinero público proveniente de los programas de la UE o de iniciativas nacionales puede llevar a rendimientos decrecientes para los inversores privados, desincentivándolos a continuar invirtiendo en startups. Como resultado, las startups pueden recibir financiación, pero sin los inversores experimentados que realmente las ayuden a alcanzar el éxito. Sin estos inversores cualificados, las probabilidades de fracaso aumentan considerablemente.
Dicho esto, también debemos reconocer los casos de éxito de las políticas públicas. Países como Israel han logrado construir ecosistemas emprendedores robustos gracias a iniciativas públicas bien dirigidas. Sin embargo, inyectar fondos públicos sin una estrategia clara o la flexibilidad necesaria puede tener efectos contraproducentes. Los fondos públicos deben ser gestionados de manera sabia, asegurándose de que los recursos se utilicen de manera efectiva para beneficiar al ecosistema. Malgastar dinero público o, peor aún, perder talento, que es el activo más valioso en la economía actual, puede tener efectos negativos a largo plazo.


