El dilema del salario del fundador

¿Cuánto debería cobrar un fundador? No hay una única respuesta. Este artículo analiza cómo separar los roles de empleado y accionista, cómo abordar el debate con inversores y por qué la comunicación es clave en cada etapa.
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Jaime Medina

¿Cuánto debería cobrar un fundador? Es una de las preguntas más habituales en el ecosistema startup y, al mismo tiempo, una de las más sensibles. Además, es un tema en el que se pueden encontrar todo tipo de respuestas. Hemos visto startups en la misma fase y con la misma financiación donde el salario del CEO difería hasta por un factor tres. Tras analizar muchos casos, no existe una solución definitiva, porque es una decisión muy personal. Aun así, nos atrevemos a compartir nuestra opinión.

Uno de los puntos más importantes es separar claramente los dos gorros del fundador: el de empleado y el de accionista. Como empleado, el fundador no debería sufrir ni verse obligado a hacer un sacrificio personal o familiar por tener un sueldo demasiado bajo. Debe poder estar tranquilo, con un salario de mercado razonablemente alineado con los últimos sueldos que haya tenido. Al final, es una persona que trabaja para una empresa y, como tal, la oferta económica debe resultarle atractiva y sostenible.

No obstante, existe otro análisis de mercado que conviene tener en cuenta. ¿Cuánto cobraría el CEO de una empresa similar si no fuera fundador? Y, como accionista, ¿cuánto estaría dispuesto a pagar a un perfil como el suyo para liderar la compañía? Lo ideal es que estos dos números se hablen, aunque no siempre es fácil, especialmente en fases iniciales. En muchos casos, un punto intermedio resulta razonable. En cualquier caso, esta decisión debería tomarse junto con el resto de inversores, que suelen tener más facilidad para separar ambos roles al no tener el gorro de empleado.

Otro punto especialmente sensible en las fases iniciales es el llamado sweat equity: el dinero que el fundador no invierte directamente en la empresa, pero que de facto está aportando al vivir de sus ahorros mientras desarrolla el proyecto. Desde un punto de vista fiscal, en el caso de un solo fundador no suele tener sentido inyectar dinero en la empresa para después recuperarlo como salario. Sin embargo, cuando hay cofundadores u otros accionistas desde el inicio, es importante hacer las cosas bien: invertir como accionista y cobrar como empleado, independientemente del impacto fiscal, para mantener una estructura limpia y con incentivos alineados. Aun así, ese sacrificio inicial del fundador debe ponerse en valor, aunque no aparezca reflejado en los estados financieros.

Como ocurre con todos los temas relacionados con la remuneración, estamos ante una cuestión sensible. Y, como en todos los temas sensibles, lo más importante es la comunicación con todos los stakeholders, revisarlo en cada ronda y volver cuanto antes al foco principal: el negocio. Porque, al final, será el propio negocio el que termine pagando tanto el salario del fundador como su retorno como accionista.

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