
Jaime Medina
No todos los temas administrativos o financieros te harán ganar el partido, pero gestionarlos mal puede hacerte perder. La cap table es uno de ellos. Es uno de los primeros documentos que pide cualquier inversor junto con el pitch deck y el business plan.
¿Por qué? Porque la cap table revela una verdad fundamental: cómo están alineados los incentivos entre fundadores, equipo e inversores. ¿Quién está realmente comprometido a construir y quién solo ocupa espacio?
Es habitual encontrarse con startups donde el equipo fundador tiene menos equity del que debería. Esto es peligroso: no solo porque pierden control, sino porque su motivación se diluye mucho antes de que el negocio gane tracción. Si estás full-time y al frente del proyecto, tu participación tiene que reflejar ese compromiso. De lo contrario, las futuras rondas te diluirán aún más, y tu incentivo desaparecerá.
Otro caso habitual: cofundadores que ya no están activos pero mantienen un porcentaje elevado. Esto no es una simple anécdota: es una red flag para cualquier inversor. Significa que hay personas poco implicadas con mucho equity, y que ese capital ya no está disponible para crear incentivos reales en el equipo actual o atraer nuevo talento clave. Además, demuestra una falta de skin in the game por parte de quienes deberían estar impulsando la compañía. Si aspiras a levantar capital de fondos de Venture Capital, necesitas una cap table sana.
Muchos negocios llegan con estructuras heredadas de etapas anteriores, como su paso por un modelo tipo pyme, que no encajan en el modelo VC. En esos casos, toca reestructurar, y muchas veces implica negociaciones duras entre accionistas actuales.
¿La conclusión? Alinea la propiedad con la contribución. Prioriza los incentivos. Y sobre todo, ten las conversaciones difíciles antes de que sea demasiado tarde.


